miércoles, 28 de enero de 2026

VALOR SENTIMENTAL y lo no dicho

 El director y guionista Joachim Trier aborda, en esta ocasión, la ausencia paterna desde una mirada íntima y polifónica. Así, el padre que regresa para el funeral de su ex esposa; la hija mayor que resiente su partida al tiempo que siguió, a su manera, los pasos de su padre; la hija menor que cuida de su hermana, así como esta cuidó de ella en su infancia y la mirada externa proporcionada por Rachel Kemp, interpretada por la actriz Elle Fanning, construyen el coro de voces desde el cual se narrará esta historia. 

“Valor Sentimental” pone luz sobre las grietas reales y también simbólicas. La casa de la infancia muestra el deterioro sufrido a través de los años al tiempo que silencia las tragedias que marcaron el devenir de quienes la habitaron. Sin embargo, por mucho que dichas tragedias se hayan querido sofocar, gritan con fuerza a través del cuerpo de Nora, la hija mayor, magistralmente interpretado por Renate Reinsve. 

    

        
      
        ¿Cómo elaborar las ausencias? ¿Las pérdidas? ¿Los silencios? Gustav, el padre, interpretado por Stellan Skarsgård, eligió la ruta trazada por el arte. Exitoso director de cine aprendió a acercarse a sus hijas desde este lugar, escribiendo y dirigiendo los roles que cada una de ellas debería interpretar. 

¿Y las hijas? en la que es quizás, una de las secuencias más íntimas y bellas de la cinta, estas hermanas se encuentran, se confiesan, lloran, se enferman y sanan. El lente de la cámara oficia algunas veces como fiel testigo de lo que ahí se cuenta, otras veces interviene descaradamente para incomodar o para dirigir la atención y en ocasiones se esconde porque tal vez, lo que estamos observando no debiese ser observado ni escuchado; porque tal vez, hay cosas que deben permanecer ocultas o en silencio y solo ser dichas a través del arte, lugar privilegiado desde el cual puedan ser comprendidas. 



Por esto “Valor Sentimental” inquieta y agobia, no sólo por el ida y vuelta desde la infancia del padre hasta la infancia de sus hijas; no solo por las extraordinarias actuaciones de Skarsgård, Fanning y Reinsve; no solo por el guión y la dirección de Joachim Trier, quien desde su película “La peor persona del mundo”, ya nos había adelantado lo bien que sabe retratar las dinámicas familiares. Inquieta y agobia porque nos recuerda lo que muchas veces nos esforzamos por olvidar, que no todo pasa por la palabra y que en el cuerpo también se libran batallas. 



Por: Lina Otero Ramos
Psicóloga y Mediadora de Lectura

Una batalla tras otra: El eterno retorno

        Una ficción que expone los ribetes más crueles de la realidad que sufren los migrantes en la primera potencia mundial, toma un vuelo propio desde la mirada de Paul Tomás Anderson. Acido pero acertado, sarcástico pero no tanto. 

        El puntapié inicial de “Una batalla tras otra” surge de una adaptación libre de la novela Vineland, de Thomas Pynchon. La misma transcurre en el año 1984, en un momento político dominado por la reelección de Ronald Reagan; mientras que la película se enmarca en una contemporaneidad indefinible, pero muy cercana. En el primer acto conocemos a los activistas radicales de izquierda autodenominados como los “75 franceses”, que se presentan con un raid de acciones armadas contra centros de detención de migrantes latinoamericanos. 

        Dos activistas lideran el grupo, Perfidia Beverly (Teyana Taylor), iracunda como una marea vuelta tsunami; y Bob Ferguson (Leonardo Di Caprio), que sigue y aúlla a Perfidia como si fuese la última luna llena del mundo. El costado erótico / tanático lo suma el villano Steven Lockjaw (Sean Penn), un militar fascista obsesionado con su labor de opresor, así cómo también con Perfidia y el sexo que ella le provee con tal que haga la vista gorda en sus actos vandálicos. En este tridente se inviste la primera parte narrativa de la película. No por nada los tres están nominados como actores/actriz a la estatuilla dorada. 



        Un parte aguas atraviesa a la película y nos propone un salto temporal de dieciséis años. Lockjaw vuelve a buscar a Ferguson y a su hija Willa (Chase Infiniti), exiliados internos en algún lugar de Norteamérica, en un safe town para migrantes. Se actualiza la paranoia, la persecución, con un Ferguson viejo y drogado, incapacitado de recordar claves y contraseñas de sus ex compañeros guerrilleros. Sergio St. Carlos (Benicio Del Toro), emerge como un aliado que surfea este conflicto, en la piel de un profesor de Tae Kwon Do que los asiste para que continúen con su escape. Una sublime y medida actuación, acotada en detalles, y encima graciosa: También nominado al Óscar. 

        El tinte estilístico de PTA se encuentra en cada uno de los planos, pero en esta producción se añade un ritmo atronador, que marca el compás de las escenas de acción, plagadas de componentes bélicos, disparos y explosiones.  La edición fue responsabilidad del montajista Andy Jurgensen, con quién el director había trabajado en su película anterior Licorice Pizza (2022). La nominación al premio máximo de la industria norteamericana por mejor montaje, le hace justicia. 



        La creación de universos y las tensiones en las relaciones personales son un sello distintivo del director. Desde la ambigüedad que rompe la paleta maniqueísta de buenos contra malos: los mismos personajes a veces esperan de los otros cosas que nunca tendrán, que se imaginan, que desean. A veces desde la ternura y la dejadez; a veces desde un razonamiento interno reprochable, cruel e inhumano. La invitación a sumergirse en una ficción llena de realidad y actualidad no deja de sorprender por los recursos emocionales con los que dota a sus personajes. 

Gato Martínez Cantó.
Productor y realizador audiovisual. Lector.

martes, 27 de enero de 2026

SINNERS o de cómo nos atraviesa la música

 

Un hombre con su instrumento (guitarra o acordeón), una noche, el diablo y un duelo a muerte. Son elementos constitutivos de muchos relatos contados de generación en generación; de norte a sur del continente, del Caribe hasta la Pampa. Santos Vega, personaje de Mujica Lainez se bate en una Payada con el mismísimo Mandinga; Francisco el Hombre, Juglar colombiano venció a Satanás rezando el Credo al revés acompañado de su acordeón.

             Este tipo de relatos forman parte de nuestro inconsciente colectivo y nos ayudan a comprender la dimensión espiritual de la música, aquella dimensión que nos conecta con lo maldito y lo divino. Es la premisa de la que parte el director y guionista estadounidense Ryan Coogler en su nueva película "Sinners”.


        Durante los primeros segundos, la cinta nos presenta a Sammie Moore, interpretado por Miles Caton, entrando a la Iglesia en la que su padre oficia como Ministro. En esta primera secuencia, las manos de Sammie se aferran a la única parte que sobrevivió de lo que fuera una guitarra,  mientras su padre le ruega abandonar el camino de la música que sólo le traerá perdición y, en su lugar, abrace a Dios aceptando su destino como Predicador.  

Corte a: Delta del Mississippi, años 30. El momento y el lugar nos anticipan las inabarcables plantaciones de algodón, las espaldas negras bajo el sol y el Blues. Los hermanos y veteranos de Guerra, Elijah "Smoke" y Elias "Stack" Moore, ambos roles interpretados por Michael B. Jordan, regresan a su pueblo natal con mucho dinero y el sueño de abrir un bar en el que la gente negra no solo sueñe con ser libre, sino en el que lo sea, al menos por una noche. Es allí cuando Sammie, con su voz y su guitarra, enmarca la que es, quizás, una de las más bellas secuencias de Cine de los últimos tiempos. Al ritmo de “I lied to you”, los congregados a esta noche terminan conectándose con su pasado y con su futuro, con sus raíces y con su libertad. No es sorpresa que esta composición de Raphael Saadiq y  Ludwig Goransson esté nominada a los Oscar como mejor canción original.  

La irrupción del mal viene de la mano de Remmick, el vampiro al que el actor Jack O’Connell da vida. Sin embargo, a diferencia de los relatos de Santos Vega o de Francisco el Hombre, este espíritu no busca batirse en un duelo musical con Sammie, sino atraerlo hacia su propia estirpe. Toma la figura de un irlandes y, en otro espectacular número musical que nos regala esta película, nos invita a escuchar el relato de otro pueblo subyugado. Al amparo de la noche y la música, negros e Irlandeses, ambos hermanados bajo el yugo de quienes se abrogan el derecho de dictar sus destinos, luchan entre sí por lo que para ellos es la Libertad.

        Destaca, además de la música y del poderoso comentario social, la Dirección de Fotografía a cargo de Autumn Durald Arkapaw, primera mujer en filmar con cámaras IMAX y la cuarta en ser nominada a los premios Oscar en su categoría. Sinners nos brinda escenas filmadas en campos de algodón    inmensos atravesados por caminos de tierra donde hasta los más mínimos detalles mantienen una nitidez que envuelve al espectador.

        Más allá de sus 16 nominaciones a los premios Oscar que se celebrarán el próximo 15 de marzo, Sinners es una película con excelentes cualidades narrativas y técnicas. Una historia original que hace uso de elementos sobrenaturales para hablar de un tema actual que nos atraviesa como pocos y un casting que reúne a actores negros para representar no solamente a personajes que luchan por su vida (como casi siempre suele ocurrir), sino también personajes que desean, que disfrutan, que crean y que resisten. 


Lina Otero Ramos