jueves, 12 de febrero de 2026

BETTER MAN: Más allá del realismo

 

La historia ha sido contada muchas veces: un padre ausente; el hijo que busca su reconocimiento; la tensión entre el deseo de ser visto y ocultarse al mismo tiempo; la identidad diluida en la mirada del público; la fama y las drogas. El arco narrativo conserva una estructura conocida: un inicio turbulento; el despegue hacia la fama; un tocar fondo y el acto final de redención.

Aunque “Better Man” es una biopic y, como tal, nos acerca a la vida de del cantante Robbie Williams, la película está lejos de aquella pretensión de verdad que buscan otras obras de su género. Sí, hace uso de todos los elementos mencionados arriba, pero no son esos elementos –ni los hechos en sí- los que realmente importan, sino el modo en que fueron vividos por el artista.  Porque desde el inicio, tanto el director Michael Gracey, como el propio Williams hacen una honesta y arriesgada declaración de intenciones al decidir representar al protagonista como un Chimpancé.


Y es aquí donde “Better Man” empieza a trazar el abismo que la separa de otras biopics. La película hace uso de la Imagen Generada por Computadora (CGI) para crear un chimpancé que interactúa con los demás personajes, pero que nos habla directamente a nosotros como espectadores, nos interpela y nos incomoda. El CGI, más que un recurso meramente estético que refuerza la ilusión de lo real, funciona como un dispositivo que expone la fractura entre el cuerpo que esperamos ver y la vivencia subjetiva de ese cuerpo.

Allí donde el género biográfico suele buscar transparencia y proponer un acceso a la verdad, la película recupera la ambigüedad propia del arte. Porque el cine no está únicamente para contar fielmente lo sucedido —empresa, por otra parte, siempre imposible—, sino para contar los hechos desde la experiencia de quien o quienes los vivieron. En Better Man, tanto la captura de movimiento del actor Jonno Davies, quien interpreta a Williams, como las canciones que acompañan ausencias, amores, logros y caídas que vive el protagonista, están al servicio de la trama y no al revés.


Gracey, conocido por la construcción de escenarios exuberantes como lo hizo en su anterior película “El Gran Showman”, despliega aquí un amplio repertorio audiovisual que nos acerca a la particularísima experiencia del artista, no como nosotros, el público, desea verlo, sino como él se ve a sí mismo: un ser inadecuado, involucionado, presto para el espectáculo.

Better Man nos recuerda que la verdad de nuestras vivencias muchas veces encuentra un camino más directo y avasallante a través de la ficción que a través de la pretensión de realismo y por esta razón es una película que necesita ser vista.


Por: Lina Otero Ramos