viernes, 10 de abril de 2026

SILENCIO DE HEMBRA: Hacer de voz un cuerpo

     





            Hay obras a las que más que asistir a verlas, se asiste a sentirlas en un lugar impreciso entre las entrañas y la memoria.
Silencio de hembra, unipersonal de Mónica Salvador, interpretado magistralmente por Belén Santos, nos propone un viaje por recuerdos fragmentados acompañados de música y movimiento, como si quisiera decirnos que algunos hechos no ocupan un solo registro, que a veces el horror lo atraviesa todo.

        
Es por eso que la ausencia de un telón de fondo en el escenario de Tadrón 
Teatro hace imposible la distancia cómoda, pues no hay un afuera desde donde mirar: todos estamos dentro de esa casa, de ese auto, de ese secreto. Herminia Jensezian nos propone participar de un evento íntimo en el que todo y nada está oculto. Un relato en el que los objetos expresan aquello que el lenguaje no alcanza a decir y que el cuerpo no puede dejar de recordar.  


        A lo largo de 45 minutos aparecen en escena, sin estar, tres generaciones: una abuela, una madre y una hija que soportan juntas el peso de un silencio que más que ausencia, es herencia. Silencio de hembra  no es una denuncia, es la vivencia de un recuerdo fragmentado e intenso. Al final, cuando ese cuerpo en constante movimiento, algunas veces tembloroso, otras ágil y violento, encuentra algo parecido a la quietud, uno entiende que lo que acaba de presenciar no era una representación. Era una restitución.




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