Mientras se acomoda la visión a la escasa luz, una mujer nos invita a recrear lo ausente, nos hace sentir el calor de una tarde al ubicarse por fuera del escenario, como si jugara con los márgenes de lo real.
Después,
de a poco, se va configurando el trío matriarcal cuyas voces hablan, se quejan,
discuten e interpelan a un público que es invitado intermitente de aquella
escena especular. Las palabras y los códigos se velan y, por momentos, quedamos
afuera mirando una intimidad que no nos pertenece ¿o sí?
Ahí está
la trampa de Coro, y es su mejor hallazgo. Nos creemos espectadores,
pero el título nos asigna un lugar: somos coro, esa figura que desde la
tragedia griega observa y, al observar, queda implicada.
Lo
cotidiano se desplaza hacia un territorio ritual sin perder su textura: el
tiempo se vuelve memoria, el cuidado se vuelve herencia, la presencia dialoga
con la ausencia. Tres generaciones sostienen ese pasaje con silencios que pesan
y con cuerpos que recuerdan, trabajan, desean, se acompañan…
Obra de Paco Zarzoso, codirigida con Germán Rodríguez. Con Shanti Criscuolo, Paula Ituriza y Caro Setton.
Fotos: @danielfrancoprensa
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