martes, 27 de enero de 2026

SINNERS o de cómo nos atraviesa la música

 

Un hombre con su instrumento (guitarra o acordeón), una noche, el diablo y un duelo a muerte. Son elementos constitutivos de muchos relatos contados de generación en generación; de norte a sur del continente, del Caribe hasta la Pampa. Santos Vega, personaje de Mujica Lainez se bate en una Payada con el mismísimo Mandinga; Francisco el Hombre, Juglar colombiano venció a Satanás rezando el Credo al revés acompañado de su acordeón.

             Este tipo de relatos forman parte de nuestro inconsciente colectivo y nos ayudan a comprender la dimensión espiritual de la música, aquella dimensión que nos conecta con lo maldito y lo divino. Es la premisa de la que parte el director y guionista estadounidense Ryan Coogler en su nueva película "Sinners”.


        Durante los primeros segundos, la cinta nos presenta a Sammie Moore, interpretado por Miles Caton, entrando a la Iglesia en la que su padre oficia como Ministro. En esta primera secuencia, las manos de Sammie se aferran a la única parte que sobrevivió de lo que fuera una guitarra,  mientras su padre le ruega abandonar el camino de la música que sólo le traerá perdición y, en su lugar, abrace a Dios aceptando su destino como Predicador.  

Corte a: Delta del Mississippi, años 30. El momento y el lugar nos anticipan las inabarcables plantaciones de algodón, las espaldas negras bajo el sol y el Blues. Los hermanos y veteranos de Guerra, Elijah "Smoke" y Elias "Stack" Moore, ambos roles interpretados por Michael B. Jordan, regresan a su pueblo natal con mucho dinero y el sueño de abrir un bar en el que la gente negra no solo sueñe con ser libre, sino en el que lo sea, al menos por una noche. Es allí cuando Sammie, con su voz y su guitarra, enmarca la que es, quizás, una de las más bellas secuencias de Cine de los últimos tiempos. Al ritmo de “I lied to you”, los congregados a esta noche terminan conectándose con su pasado y con su futuro, con sus raíces y con su libertad. No es sorpresa que esta composición de Raphael Saadiq y  Ludwig Goransson esté nominada a los Oscar como mejor canción original.  

La irrupción del mal viene de la mano de Remmick, el vampiro al que el actor Jack O’Connell da vida. Sin embargo, a diferencia de los relatos de Santos Vega o de Francisco el Hombre, este espíritu no busca batirse en un duelo musical con Sammie, sino atraerlo hacia su propia estirpe. Toma la figura de un irlandes y, en otro espectacular número musical que nos regala esta película, nos invita a escuchar el relato de otro pueblo subyugado. Al amparo de la noche y la música, negros e Irlandeses, ambos hermanados bajo el yugo de quienes se abrogan el derecho de dictar sus destinos, luchan entre sí por lo que para ellos es la Libertad.

        Destaca, además de la música y del poderoso comentario social, la Dirección de Fotografía a cargo de Autumn Durald Arkapaw, primera mujer en filmar con cámaras IMAX y la cuarta en ser nominada a los premios Oscar en su categoría. Sinners nos brinda escenas filmadas en campos de algodón    inmensos atravesados por caminos de tierra donde hasta los más mínimos detalles mantienen una nitidez que envuelve al espectador.

        Más allá de sus 16 nominaciones a los premios Oscar que se celebrarán el próximo 15 de marzo, Sinners es una película con excelentes cualidades narrativas y técnicas. Una historia original que hace uso de elementos sobrenaturales para hablar de un tema actual que nos atraviesa como pocos y un casting que reúne a actores negros para representar no solamente a personajes que luchan por su vida (como casi siempre suele ocurrir), sino también personajes que desean, que disfrutan, que crean y que resisten. 


Lina Otero Ramos 

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